jueves, 17 de enero de 2013

El general Abercrombie

Me hizo gracia ver su nombre en el libro que estaba leyendo. El general aparece mencionado una vez y luego desaparece sin más, como un personaje de las novelas de Baroja. El libro en cuestión es uno de los cuatro que completan la historia de los EEUU desde la prehistoria hasta la primera guerra mundial y que lleva la firma del divulgador Isaac Asimov. Hasta el día anterior, semejante nombre o apellido -el de Abercrombie- no lo tenía almacenado en mi memoria, por lo que me pareció sorprendente cruzármelo dos veces en un plazo de varias horas. El primero de los encuentros acaeció en la plaza del Marqués de Salamanca, donde se ubica el palacete que alberga una tienda de ropa de fama internacional, desconocida para mí hasta ese momento. Si uno va por allí, verá en primer lugar, en la puerta del palacete, a un mocetón de unos 20 años con el torso desnudo y depilado y unos abdominales propios de Cristiano Ronaldo. Esa tarjeta de presentación basta para saber que Abercrombie & Fitch es algo más osado como negocio que Jack & Jones, la tienda de ropa que a mi juicio pone mejor música de Luxemburgo. En Abercrombie - Madrid, tras subir unas lujosas escaleras con moqueta roja, se accede a la tienda en cuestión, un lugar en penumbra con la música a todo meter. Recuerdo que aquel día no aguanté por allí más de diez minutos, aun así el nombre del negocio se me quedó grabado en bronce como si se tratara de una de las leyes sagradas de la antigüedad. Al volver a casa, en la tranquilidad de mi habitación y a la luz del flexo, apareció el segundo Abercrombie del día. Al instante me acordé de mis viejas reflexiones acerca de la "sincronicidad", ahora abandonadas. Si Freud ya no me interesa, menos todavía Jung.

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