Lo bueno de vivir fuera de Madrid es poder volver allí de vez en cuando y poder apreciar las maravillas de la ciudad con los ojos de un turista. Cuando vivía en la capital, no sabía la suerte que tenía, me faltaba suficiente distancia para entender nuestro "hecho diferencial". Madrid, como Nueva York o Bangkok, son ciudades del mundo, nadie es foráneo pasadas 24 horas, a nadie le piden el carnet de pertenencia a la ciudad o el país. Ahora que soy consciente de mi fortuna, aprovecho lo máximo posible mis días de vacaciones visitando museos y paseando por el Retiro. Si me dejara caer en el Ateneo, llevaría las mismas costumbres de Azorín, que también era mediterráneo y castellano al mismo tiempo. Cuando paso por el Palace, me acuerdo de Durán i Lleida y pienso que si Cataluña por fin se independiza, se liberará una suite con bonitas vistas. Cuánto admiro a este hombre, quién pudiera ser como él: un político que gana las elecciones sin presentarse y vive en un hotel de lujo para ahorrar gastos de transporte.
Como el parque de el Retiro, jardín de reyes y antiguo zoológico capitalino, el Thyssen es un lugar estupendo para pasear, sobre todo cuando llueve ahí fuera. Tiene buena temperatura y nunca hay demasiada gente, salvo en las exposiciones temporales que atraen a la mayor parte de los turistas. Puestos a comparar, el Prado es magnífico, sublime, orgullo de la nación, pero a mi gusto tiene aire de ministerio y demasiados retratos de Reyes y santos martirizados apunto de expirar. Si uno busca variedad y colorido así como evitar excesivo barullo, sabe que el Thyssen no le va a decepcionar.
En mis paseos por el Thyssen, tan importante me resulta ver los cuadros de las paredes como la gente que mira los cuadros. El ambiente es importante, ya sea en los museos como en las plazas de toros y las discotecas. La gente se arregla para ver los museos, se pone guapa y se comporta mejor que en su propia casa. Todavía no proliferan los silbiditos de los "whatsups" o como se escriba. Veo a la gente que mira los cuadros y me parece que vivimos en una sociedad civilizada, culta, como cuando existía el sufragio censitario. El escenario impone al ciudadano común, que ha pagado una entrada considerable y tiene que amortizar el gasto de la mejor manera posible, esto es, mirando los cuadros sin distraerse en otras cosas.
De mi última visita a la pinacoteca, una cosa se quedó en particular en mi memoria. En el rincón de una de las salas, alrededor de un cuadro abstracto y en mi humilde opinión anodino, había un grupo de niños sentados atendiendo las explicaciones de una persona que podría ser su profesora. Me recordó a la obra de teatro "Arte", ya que el cuadro era casi en su totalidad blanco. La profe les explicaba de que iba el tema y los niños parecían contentos, tal vez más de uno pensara: qué chollo ser pintor de cuadros abstractos, mucho más fácil que estudiar fracciones. A mí me parece que explicar un cuadro abstracto e incoloro a unos niños de ocho o nueve años no debe de ser fácil, tiene que ser tan complicado como cuando Durán trata de explicar su insatisfacción con Madrid tras haber desayunado un café con churros en la cafetería del Palace.
Por hablar algo de arte, mencionaré sin más que en el Museo Thyssen faltaba, de manera injustificada, una obra de Kirchner, aquella en la que destaca una niña con la cara de color verde. Siendo una de mis favoritas, me molestó que no estuviera allí ni se dijera donde estaba. Supongo que el cuadro en cuestión, una de las joyas de la colección, lo habrán prestado a otro Museo. Espero que sea algo temporal y que en breve vuelva a casa.
Como el parque de el Retiro, jardín de reyes y antiguo zoológico capitalino, el Thyssen es un lugar estupendo para pasear, sobre todo cuando llueve ahí fuera. Tiene buena temperatura y nunca hay demasiada gente, salvo en las exposiciones temporales que atraen a la mayor parte de los turistas. Puestos a comparar, el Prado es magnífico, sublime, orgullo de la nación, pero a mi gusto tiene aire de ministerio y demasiados retratos de Reyes y santos martirizados apunto de expirar. Si uno busca variedad y colorido así como evitar excesivo barullo, sabe que el Thyssen no le va a decepcionar.
En mis paseos por el Thyssen, tan importante me resulta ver los cuadros de las paredes como la gente que mira los cuadros. El ambiente es importante, ya sea en los museos como en las plazas de toros y las discotecas. La gente se arregla para ver los museos, se pone guapa y se comporta mejor que en su propia casa. Todavía no proliferan los silbiditos de los "whatsups" o como se escriba. Veo a la gente que mira los cuadros y me parece que vivimos en una sociedad civilizada, culta, como cuando existía el sufragio censitario. El escenario impone al ciudadano común, que ha pagado una entrada considerable y tiene que amortizar el gasto de la mejor manera posible, esto es, mirando los cuadros sin distraerse en otras cosas.
De mi última visita a la pinacoteca, una cosa se quedó en particular en mi memoria. En el rincón de una de las salas, alrededor de un cuadro abstracto y en mi humilde opinión anodino, había un grupo de niños sentados atendiendo las explicaciones de una persona que podría ser su profesora. Me recordó a la obra de teatro "Arte", ya que el cuadro era casi en su totalidad blanco. La profe les explicaba de que iba el tema y los niños parecían contentos, tal vez más de uno pensara: qué chollo ser pintor de cuadros abstractos, mucho más fácil que estudiar fracciones. A mí me parece que explicar un cuadro abstracto e incoloro a unos niños de ocho o nueve años no debe de ser fácil, tiene que ser tan complicado como cuando Durán trata de explicar su insatisfacción con Madrid tras haber desayunado un café con churros en la cafetería del Palace.
Por hablar algo de arte, mencionaré sin más que en el Museo Thyssen faltaba, de manera injustificada, una obra de Kirchner, aquella en la que destaca una niña con la cara de color verde. Siendo una de mis favoritas, me molestó que no estuviera allí ni se dijera donde estaba. Supongo que el cuadro en cuestión, una de las joyas de la colección, lo habrán prestado a otro Museo. Espero que sea algo temporal y que en breve vuelva a casa.
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